El matrimonio en Egipto

El matrimonio si existia en ejipto se casaban entre dos personas quiere decir hobre y mujer como toda personas que queria tener una familia . las mujeres se casaban en la pubertad aldredor de lo 14 años Hechos sobre el matrimonio en el antiguo Egipto. Los antiguos egipcios consideraban que el matrimonio era el estado más deseable y se pretendía que fuera monógamo, a excepción de la realeza. Sin embargo, hay muy poca evidencia de que se requiriera documentación legal aparte del contrato de matrimonio. El matrimonio en el antiguo Egipto En este artículo vamos a acercarnos un poco más a la vida amorosa en el Antiguo Egipto. No podemos acercarnos desde una mirada actual a una sociedad antigua, si no que tenemos que dejar de lado los prejuicios que se nos imponen desde nuestra propia perspectiva. el matrimonio en egipto LOS EGIPCIOS DE LA ANTIGUEDAD CREIAN QUE VIVIR EN MATRIMONIO ERA VIVIR ACORDE CON EL ORDEN DIVINO. TODOS LOS HABITANTES DE LAS DOS TIERRAS PODIAN ENCONTRAR LA ENCARNACION DE DICHO MODELO EN LA PRIMERA “FAMILIA” DIVINA: OSIRIS, SU ESPOSA ISIS Y EL HIJO DE AMBOS, Inicio » Historia Antigua » La Familia en Egipto Antiguo El Matrimonio y Los Niños. LA VIDA FAMILIAR EN EL ANTIGUO EGIPTO. Al igual que en casi todas las sociedades organizadas, es la familia lo que constituye la base de la sociedad egipcia. Pintores y escultores nos han dejado una apacible imagen de esta familia: el padre y la madre se dan ... Creo que un matrimonio urfi es una buena solución para dos personas enamoradas, porque es muy difícil en Egipto que la gente pueda casarse normalmente a nuestra edad , dijo el estudiante a Reuters. Matrimonio mixto entre español y egipcio celebrado en Egipto. Requisitos y recomendaciones. Trámites. En primer lugar, tenemos que tener en cuenta que El Consulado de España en Egipto no celebra matrimonios cuando uno de los cónyuges es nacional egipcio.Por tanto, para que el matrimonio sea válido, debe celebrarse o bien ante las autoridades egipcias, o ante la autoridad española en España. El matrimonio en Egipto está precedido por el arreglo de matrimonio. En Islam, una mujer se casa voluntariamente. Al principio, el padre del novio negocia la esponsalicias con el padre de la novia. Si se recibe el permiso, se organiza la primera visita del novio a su novia. el matrimonio en el antiguo egipto El matrimonio egipcio no existía como tal, ni siquiera se celebraba una ceremonia civil, simplemente dos jóvenes decidían trasladarse a vivir juntos. La edad de la novia era de 14 ó 15 años y la del novio de 17 ó 20, mayor si era divorciado o viudo, se casaban jóvenes porque la vida en ese tiempo era ... El estado civil de casado era para los antiguos egipcios la parte ideal del fervor divino. Los Antiguos Egipcios dieron un gran valor al matrimonio y más si de él nacían muchos niños. Un hombre joven que había llevado hasta ahora una vida de soltero, pero que ahora tenía una mejor situación social, iría a la casa del padre de la mujer escogida a pedir su mano.

La mezquita roja

2018.05.12 16:08 albedrio La mezquita roja

El mulá Abdul Aziz, de rostro serio, enmarcado por una larga barba blanca, camina en las inmediaciones de la Mezquita Roja en Islamabad, Pakistán, en el año 2009, rodeado por un séquito de guardias con su respectivo kaláshnikov bajo el brazo. Se dirige a predicar. Al llegar a la entrada, los fieles que lo esperan se postran ante él, como si fuera Alá mismo quien estuviera frente a ellos. Es ésta la primera secuencia que se observa en Entre los creyentes, documental dirigido por Hemal Triverdi y Mohamed Navqui, y que forma parte de la propuesta de la gira Ambulante 2016.
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¿Cuál es la relación entre la fe y las armas o, en otros términos, entre la religión y el poder, entre lo espiritual y lo temporal? En Autoridad espiritual y poder temporal, René Guénon teoriza sobre la concepción del poder en las sociedades antiguas. En su origen, nos dice, el poder temporal, detentado por los guerreros, estaba subordinado por completo a la autoridad espiritual en manos de los sacerdotes. La razón era muy simple. Eran éstos los que conocían la «ciencia sagrada», los que podían leer los designios de los dioses en el cielo o en la naturaleza y, por tanto, transmitirlos a los gobernantes para el beneficio del reino o la comunidad. El rey tenía algo de ambos poderes, era en parte sacerdote, en parte mago. Aún así, dependía de la autoridad espiritual, la cual, en el caso de Occidente, siguió consagrando su poder hasta el ocaso del absolutismo.
Hay un momento de la historia, continúa Guénon, en que este orden se resquebraja y comienza a invertirse. Los guerreros se rebelan contra los sacerdotes y buscan fundar su poder en sí mismos. Para ello, sin embargo, habrán de apropiarse de los atributos de lo espiritual, vestirse con sus antiguos ropajes, elevarse al estatuto de lo sagrado. Esta mezcla de lo espiritual y lo temporal es atestiguada por los tres grandes monoteísmos, pero sobre todo por el islam, el más reciente de ellos en términos históricos. Si en el judaísmo vemos ya la alianza directa de Dios con un pueblo terrenal, proclamada a través de sus grandes profetas, es decir, seres de carne y hueso a los que Dios ha decidido revelarles parte de sus designios, el cristianismo cristaliza la mezcla de ambos elementos al tener como centro al Cristo, el Dios que se ha hecho carne, de cuya doble naturaleza, divina y humana —espiritual y temporal—, se desprenderán toda una gama de disputas y ficciones teológicas que caracterizan los primeros siglos de nuestra era y de las que, a la larga, emergerá el Hombre como núcleo de la modernidad occidental.
El islam, por su parte, retomando la tradición profética de las anteriores, tiene como especificidad el Corán, concebido como la palabra de Dios revelada al profeta Mahoma, quien de esta forma confirma y concluye la misión de todos los profetas anteriores. Surge en la primera mitad del siglo VII, en una Arabia desgarrada por continuas disputas y hostilidades políticas entre tribus y clanes, así como fragmentada en lo religioso por la existencia de diferentes dioses paganos. El principal legado de Mahoma a través del islam, que literalmente significa «rendición, sumisión, entrega» a Dios, será —según Hans Kung en El islam. Historia, presente, futuro— la rápida unificación religiosa y política de los árabes, teniendo a la comunidad islámica o umma como centro, con sus prácticas religiosas distintivas: la confesión de fe en el Dios uno y en Mahoma como su profeta; el cumplimiento de la oración ritual, orientada hacia La Meca; la peregrinación anual a esta ciudad sagrada; el tributo social; y el ramadán o mes de ayuno. Y tras la unificación, la expansión de la umma a través de la conquista armada, basada en la vinculación de soberanía religiosa y poder político, y sustentada en el Corán y su precepto del combate a los infieles, sean éstos judíos, cristianos, judeocristianos o paganos: “Combatid a quienes no creen en Dios ni en el último día ni prohíben lo que Dios y su Enviado prohíben, a quienes no practican la religión de la verdad entre aquellos a quienes fue dado el Libro” (9,29-31). Cada triunfo militar, cada sometimiento, cada exterminio, será logrado en nombre de Dios y para salvación de los hombres, y visto como una confirmación de la autenticidad y supremacía de esta nueva religión.
Es así que, en tan sólo veinte años transcurridos desde la hégira, el islam como amalgama entre lo espiritual y lo temporal, desborda la península arábiga hasta dominar territorios tan importantes como Damasco, Jerusalén, Egipto, Persia y Cirenaica. La antigua comunidad se ha convertido en un Imperio. “Si no hubiera recurrido a la violencia —señala Kung—, Mahoma no habría podido desarrollar una política tan exitosa a largo plazo […] tenía que luchar con los mismos medios que el resto de tribus y grupos por una posición propia”. Para Mahoma —continúa—“religión y política se implicaban mutuamente, pues la esfera secular ha de ser configurada según objetivos fundamentales de carácter religioso”. Sólo en el siglo X, con el surgimiento de ulemas y sufíes como vías espirituales alternas del islam, y más tarde, con las reformas de Atatürk tras la Primera Guerra Mundial y el fin del Imperio Otomano, se pondrá en tela de juicio este modelo de Estado teocrático, cuyas instituciones políticas coinciden en esencia con las religiosas. Con el califa, en tanto representante de Dios, como cabeza.
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Como buen religioso, lo que hace Aziz es repetir el modelo del Profeta. Lucha por implantar la ley islámica en la esfera secular, pues ésta ha sido hecha por Dios y no por los hombres. El argumento del mulá no deja se ser interesante. “Las instituciones seculares han fracasado”, señala mientras se mete al bolsillo una parte del dinero recaudado entre los fieles. “Ello ha generado un vacío que tiene que ser llenado por alguien”, y ese alguien es la organización que él encabeza, que lleva el nombre de su sede, la Mezquita Roja, de la cual depende una amplia red de madrasas: escuelas en las que alrededor de diez mil niños de diferentes edades, unidos todos por su condición precaria, se dedican de sol a sol a memorizar el Corán, sin importar si entienden o no su significado, pues la gran mayoría no habla árabe. A cambio, la madrasa les ofrece alimento —una rebanada de pan al día, declara uno de los alumnos—, un sitio donde dormir, ropa y servicios médicos. Todo, según se observa en la película, de pésima calidad. Los niños, además, son sometidos a un régimen muy estricto, ante cuya mínima infracción son severamente castigados, golpeados incluso. “La forma en que los moldees ahora los forjará para toda la vida. Una vez que hayamos entrenado sus mentes, nunca cambiarán. Serán así hasta que mueran”, dice uno de los responsables de su educación. Lo que ahí les enseñan, sin embargo, es a odiar al otro, a aquel que no piensa como sus maestros o que no tiene las mismas creencias que les están inculcando a ellos. Al menos eso afirma Pervez Hoodbhoy, físico nuclear y matemático pakistaní que lleva ya algunos años haciendo activismo en contra del fundamentalismo religioso en su país, y que ve en las madrasas uno de los mayores peligros.
Resulta sobrecogedor y muy triste ver a todos esos niños sometidos a una dinámica tal. “Todo este esfuerzo valdrá la pena cuando muramos. Vamos a ir al cielo y vamos a usar una corona especial”, dice Talha, de unos ocho años de edad, quien tras un par de años en la madrasa se niega a regresar a casa, ante la insistencia de su padre. Y es peor aún ver que buena parte de estos niños están ahí porque sus familias no pueden mantenerlos, mucho menos mandarlos a la escuela. Dos dólares al día es el sueldo promedio de un jornalero en el pueblo de Zarina, una niña que escapó de la madrasa local y que ahora estudia en una escuela regular, que tendrá que cerrar sus puertas debido a las amenazas de los extremistas. A sus doce años deberá contraer matrimonio con un perfecto desconocido porque sus padres no pueden mantenerla a ella y a sus ocho hermanos. Aterra ver cómo estos hijos de la desolación no tienen opción, pues viven en un Estado incapaz de hacerse cargo de ellos y de su educación.
Las madrasas son, ciertamente, un semillero de “terroristas”, como los llamamos hoy, que a la larga alimentan las filas de los talibanes, del Ejército Islámico o de cualquier otra agrupación del mismo corte. El odio por el otro que les inculcan allí florece en todos estos niños porque en el fondo conecta con un odio hacia la vida, una vida llena de dificultades. ¿Quién no preferiría ir al cielo a seguir viviendo en un infierno como el que viven estos pequeños? ¿Cómo no abrazar aquello que nos puede dar consuelo en un mundo tan necesitado de esperanza como el nuestro? Lo que muestra la película de Triverdi y Navqui, así como otros trabajos periodísticos y de investigación que han abordado el tema —“Exporting jihad”, de George Packer, es un buen ejemplo—, es que en la base del terrorismo no está tanto la religión como la pobreza. Y que mientras ésta se siga agudizando, la llamada lucha contra el terrorismo seguirá siendo vana. “Una red terrorista no puede ser vencida con medios militares, sino sólo privándola de su suelo nutricio: la miseria social y la opresión de grandes capas de la población”, señala Kung. Lo mismo podríamos decir a propósito de la lucha contra el narcotráfico, que nos es tan familiar.
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Es justamente eso lo que intenta otro de los personajes del documental, Tariq, quien ha fundado una escuela secular para los niños de su pueblo e insiste a sus padres para que los lleven allí, de modo que cuando crezcan tengan otras formas de valerse por sí mismos. Tal es su forma de practicar la yihad, entendida como “esfuerzo” por perfeccionarse uno mismo ante Dios, como lucha contra los demonios propios. Lo que para los sufistas era la “gran misión”, en contraste con la “pequeña misión”, consistente en el combate a los infieles.
Por desgracia, en conexión perpetua con sus orígenes, al islam se le conoce más por esta segunda misión, la pequeña. Tras la caída del Imperio Otomano, el último gran bastión político-religioso del islam, se abrieron dos vías a éste. Por un lado la secular, impulsada por Atatürk en Turquía e inspirada en el modelo occidental de separación entre Iglesia y Estado, y que, por tanto, implicó el abandono de las prácticas e instituciones religiosas en el ámbito normativo y público en pro de las instituciones políticas —modelo, por cierto, que el presidente Erdogan está poniendo hoy en entredicho—. Y por el otro la vía islamista, que pone el acento en la ortodoxia religiosa y las prácticas cotidianas derivadas de ella, incluida la yihad en su vertiente violenta, cuyos ejemplos van desde el wahabismo árabe, vinculado con el nacimiento de Arabia Saudita como Estado, hasta el Estado Islámico, pasando por los Hermanos Musulmanes, Hamás, Al Qaeda, los talibanes y por supuesto la revolución islámica de Jomeini en Irán, que pueden ser concebidos como reacciones ante la perdida del asidero imperial, pero también ante lo que Kung llama “creaciones artificiales del imperialismo”, es decir, la división del vasto territorio musulmán en diversos Estados, zonas de influencia y territorios autónomos —Israel es la mejor muestra de ello—, bajo la lógica de sus intereses económicos y políticos, el petróleo por encima de todos, cuyos resultados han sido múltiples guerras, millones de muertos y desplazados, pobreza extrema para muchos habitantes de la zona.
La Mezquita Roja es, como la mayoría de estos grupos radicales, consecuencia de la política occidental. Si durante los ochenta Estados Unidos y Arabia Saudita, su gran aliado, le canalizan recursos, armas y entrenamiento para el combate a los “infieles” rusos, y el mismo Ronald Reagan, con su inolvidable sonrisa, saluda a sus miembros como héroes “luchadores por la libertad”, en los noventa le da la espalda, de modo que éstos comienzan a aliarse con Al Qaeda o los talibanes, creciendo en su radicalismo y violencia hasta enfrentarse directamente con el Estado, en el año 2007 cuando la mezquita es sitiada, dejando como saldo cientos de personas muertas, la mayoría estudiantes, incluidos el hijo, la madre y el hermano de Aziz, quien, ante estos hechos, señala: “Sacrificaría a cientos de mis hijos por Alá”. A sus hijos, pero no a él mismo. Él prefiere intentar huir de la mezquita debajo de una burka.
Entre los creyentes, en suma, nos sumerge en las turbulentas aguas del fundamentalismo islámico que, como tal, no está dispuesto a aceptar otra salida que la implantación de la sharía como fundamento de la vida social. Como en los orígenes, los nuevos fieles están dispuestos a hacer la guerra en nombre de Dios, a cometer asesinatos a pesar de que, como dice Tariq, “Alá dice que matar a una persona es como matar a toda la humanidad”. El Corán, en efecto, es también un impulso hacia la paz —“Si se inclinan a la paz, inclínate ante ella” (8,61)—, y exhorta a devolver bien por mal, de modo que el enemigo se convierta en amigo (41,33-35). No podemos esperar, sin embargo, que un buen día los extremistas den un milagroso giro al pacifismo. Eso no va a ocurrir porque, como hemos visto, el problema no es sólo religioso, es también político y económico. Va más allá de los creyentes. Algo se lograría si, como señala Kung, al menos se invirtieran “en reformas sociales las astronómicas sumas que se gastan en armas tanto en Occidente como en los países islámicos”. Llegar a este punto requiere de un cambio de mentalidad que hoy resulta más urgente que nunca. A esta transformación, que debe partir de una crítica profunda y bien planteada, responden, a mi juicio, tanto el documental comentado como la gira de la que
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2018.04.15 09:42 albedrio C.C

Cuando se alcanzan los 80 años como Claudia Cardinale este domingo, 15 de abril, es buen momento para hacer recuento de una vida rica en acontecimientos como la suya; unos dramáticos y otros, entre felices, interesantes y divertidos. Al cine llegó de pura chiripa. Había nacido en la capital de Túnez en el seno de una familia italiana. Acudió invitada a la fiesta en la que se elegía a la más bella de un concurso de misses. Y en el momento en el que las participantes subían al estrado, alguien la tomó inesperadamente del brazo y la hizo comparecer ante el jurado junto al resto. Fue la ganadora. Y el premio: un viaje con gastos pagados al Festival de Cine de Venecia. Allí sacó de su guardarropa una túnica típica tunecina, también un bikini, cuando todavía en Italia no se exhibían. Los reporteros gráficos resaltaron con sus cámaras en la ciudad de los canales a una preciosa mujer que, en poco tiempo, iba a ser una adorada estrella de la pantalla, tras las huellas de Gina Lollobrígida y Sofía Loren. Digamos que la tercera en discordia.
Animada a estudiar en el Centro Experimental de Cine de Roma, Claudia Cardinale fue descubierta por un avispado productor llamado Franco Cristaldi, que la convirtió en un deseado "sex-symbol" con su explosiva anatomía mediterránea. Sólo le fallaba su voz, grave, ronca, profunda, por lo que en sus primeras películas tuvieron que doblarla: Rufufú, Rocco y sus hermanos, El Gatopardo… Sólo Federico Fellini le hizo actuar con su propia voz, en Ocho y medio. Nuestra intención aquí, más que resaltar su abundante filmografía, que supera según ella misma los ciento cincuenta títulos, es contarles sus vicisitudes sentimentales, comenzando porque contando diecisiete años y viviendo aún en la capital tunecina fue violada por un tipo mayor que ella, quien la seguía desde hacía tiempo sin que Claudia le hiciera caso. Hasta el día en el que accedió a acompañarlo a una fiesta, subió al coche del desconocido galanteador, quien la llevó a una casa de campo, forzándola. De aquella brutal agresión quedó embarazada de un varón. Decidió Claudia viajar a Londres, pero no a abortar como hacían otras jovencitas en su mismo caso: fue bautizado el niño con el nombre de la iglesia donde lo bautizaron, Patricio. La familia de la avergonzada mamá lo acogió como uno más. Y en adelante figuró como un hermano de Claudia. Y ya viviendo en Roma es cuando el hombre que la lanzó al mundo del cine, Franco Cristaldi, se prestó a adoptarlo y darle su apellido. Fue enamorándola hasta tiempo después convertirla en su esposa. Eso sucedió en 1966. Pero a lo largo de siete años no se hizo público el asunto de su violación y para la prensa italiana Patricio siguió siendo el hermano ficticio…de quien en realidad era su madre. Las relaciones de aquel matrimonio fueron deteriorándose, divorciándose en 1975.
claudia-cardinale.jpg Cardinale, en Hasta que llegó su hora Archivo Hasta entonces, C.C., como sería conocida en los ambientes cinematográficos siguiendo la pauta de Brigitte Bardot (B.B.) con la que coincidió en Las petroleras, rodada en tierras malagueñas, había tenido un sinfín de pretendientes surgidos en los propios rodajes. Compañeros de ocasión y galanes seductores como un celoso Alain Delon, un no menos insistente Jean-Paul Belmondo y un simpático Marcello Mastroianni, con quienes tuvo más de un roce. En Oggi, la conocida revista italiana, Claudia Cardinale recordaba estos días cómo fue odiada por Catherine Deneuve al conocer aquellos amores. La francesa ya es sabido fue amante de Marcello unos años y tuvo una hija con él.
No a todo el mundo podía caerle bien Claudia, pues cuando vino a Madrid a rodar El fabuloso mundo del circo, su protagonista masculino y pareja suya, el gigante John Wayne, dijo de ella que era un marimacho. Exageraba aquel rudo actor. Tampoco le fue bien a C.C. su encuentro en aquella misma película con la otra protagonista en liza, Rita Hayworth, quien con muy mala "milk" se presentó en la "roulotte" de la italiana y le soltó lo siguiente: "Yo antes también fui guapa, no lo olvides…". Y estando en un hotel de Roma, año 1967, oyó que llamaban a la puerta. Quien lo hacía, Marlon Brando, fue invitado a entrar en la "suite", y sin mediar muchas palabras se abalanzó sobre ella, que esquivándolo y riendo, le hizo comprender que no era bienvenido. El protagonista de La ley del silencio se despidió sin darle mayor importancia al incidente. Con el paso de los años, Claudia Cardinale confesó: "Me arrepiento de aquella decisión, pues yo admiraba mucho a aquel hombre". Otra aventura que sí llegó a buen puerto, aunque llevada discretamente, fue junto al Presidente francés Jacques Chirac.
claudia-cardinale-2004.jpg Cardinale, en 2007 Cordon Press Después del chasco que se llevó en los últimos años con Franco Cristaldi Claudia Cardinale se encamó con el director cinematográfico Pasqual Squitieri, que estaba casado. Veintiocho años duró aquella intensa relación, de la que vino al mundo una niña llamada como ella. Hasta que murió él. Precisamente en el pasado mes de marzo, Claudia Cardinale ha representado la adaptación de una comedia de Neil Simon, "La extraña pareja" junto a Ottavia Fusco, viuda de Squitieri. "Lo he hecho por amor a Pasquale", ha declarado recientemente C.C., para deshacer en Italia toda una serie de comentarios morbosos por esa sorprendente reunión teatral.
Claudia Cardinale, en resumen, levantó oleadas de pasiones. Y en Estados Unidos se cuenta que Robert de Niro estuvo loco por ella "para llevarla al huerto". Y hasta el extravagante Bob Dylan por su cuenta y riesgo eligió una fotografía de Claudia para la portada de su disco "Blonde on blonde", que hubo de retirar cuando le hicieron ver que ella no le había dado permiso para tal uso. El único galán con los que trabajó que no le hizo ninguna proposición indecente fue Rock Hudson: "Evidente era su condición gay", explicó la estrella. Que tiene a su hijo Patricio viviendo en Nueva York donde, a los sesenta y tres años, se gana la vida como diseñador de moda. Claudia Cardinale reside en los últimos tiempos en París, aunque viaja a Italia de vez en cuando. Le espera allí próximamente el rodaje comprometido de la película Rumore, otro en Francia y un tercero en Egipto. No comprende su vida sin trabajar, aunque ya no sea con la asiduidad de antes. Su última película estrenada en 2015 es Todos los caminos llevan a Roma. Asegura que no quiere someterse a ningún "lifting" ni parecido tratamiento facial: "No podemos detener el tiempo y hay que aceptarlo". Quien fuera la feliz protagonista de La chica de la maleta, probablemente su mejor interpretación en la pantalla, es a sus ochenta años, el penúltimo mito del cine italiano.
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2017.07.17 06:55 MissJayAlexander Podemos debatir sobre la impresentabilidad del portal "eldestapeweb.com" y cómo puede ser posible que haya gente que consuma ese medio?

Como ya habrán visto, un rediturro abrió un post con un link a eldestapeweb titulado "Primera privatización de la era Macri: ARSAT pasa a manos privadas", y en solamente 3 renglones, la nota se contradecía:
título: PRIVATIZAN ARSAT
contenido: la gestión Macri logró completar toda la capacidad comercializable de Aarsat 2 y ya tramitó >51% de Arsat 3, porque tal cual indica la ley que mencionan parte de los satélites se comercializan
Contra todos mis instintos, entré al link porque no podía creer lo que estaba viendo (aunque ya sabía que ese medio es una mierda) y me encontré otras joyitas en la parte de las notas más leídas:
Título: Los millones que Macri les regaló a Susana Giménez y a Mirtha Legrand
Contenido de la nota: AFIP devolvió los montos pagados de anticipos por el impuesto a los bienes personales de 2016 a 70.000 contribuyentes, y como bajó el impuesto a la riqueza entonces lo que se ahorraron esos 70.000 contribuyentes, eldestapeweb lo muestra como un "regalito" de Macri a Mirtha y Susana para que lo apoyen en sus programas (????????????) y como bonus, cuentan cuántos libros escolares o raciones para comedores se podrían comprar con la plata que "les dieron".
Título: El desafortunado posteo de Michetti en el aniversario del matrimonio igualitario
Michetti sube en su cuenta privada de instagram una foto en una Iglesia porque está de viaje en Egipto. Como justo es el día del aniversario del Matrimonio Igualitario, eldestapeweb lo toma como un repudio a esta fecha.
Título: Con fotos de Majul, el Gobierno difundió como un acto oficial la presencia de Peña en el programa de Mirtha Legrand
Contenido: en esta nota eldestapeweb se indigna porque en un mail de prensa, en una de las fotos adjuntas se lo veía a Majul, y ante esto, ellos interpretan: "como si fuera un funcionario" y lo catalogan de "escandalosa decisión comunicacional". Para cerrar con broche de oro: "El periodista hizo público su apoyo al gobierno de Mauricio Macri"
Y más de eso no pude seguir mirando.
Realmente este "diario" toma por estúpidos a sus lectores, y lo más increíble es que hay mucha gente que lo tiene como su fuente principal de información! No me entra en la cabeza.
Sabemos que todos los medios tiran agua para su molino, o tienen su línea editorial, o defienden sus intereses, etc.
Pero lo que hace este "medio" es simplemente basura periodística, mienten y tergiversan descaradamente sin pudor y hay gente que lo consume!
Ni siquiera es periodístico, me convenzo de que es más un portal religioso de la secta que es el kirchnerismo que un portal de noticias...
Y dado a la poca seriedad y sectarismo de este portal, también pregunto si debe catalogarse como "enlace a portal de noticias" en este sub lo cual impide por ejemplo editar el título del post, ya que claramente no es un portal de noticias ni buscan serlo.
Abro el debate y si quieren compartir más ejemplos bienvenidos sean.
TLDR: Como puede ser que eldestapeweb venda tanta mierda y haya gente que lo consuma
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2016.06.04 20:58 ShaunaDorothy Egipto: Los militares en el poder otorgan la presidencia a la Hermandad Musulmana - Los “Socialistas Revolucionarios” en la cama con la reacción islámica (Septiembre de 2012)

https://archive.is/Gl1hg
Espartaco No. 36 Septiembre de 2012
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard No. 1005 (6 de julio de 2012), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
En las primeras semanas de 2011 el mundo fue testigo de las extraordinarias escenas de millones de egipcios, de prácticamente todas las clases sociales, protestando a lo largo del país, desafiando las balas y los ataques de la policía. Bajo la consigna “El pueblo exige la caída del régimen”, lograron derrocar al odiado dictador Hosni Mubarak, aunque el resultado fue que el ejército asumió el poder en su propio nombre. En el año y medio desde entonces, la euforia en torno a la “Revolución Egipcia” ha dado paso a la dura realidad del sangriento gobierno militar, el declive aún mayor de las condiciones económicas y el ascenso de la reacción islámica: la Hermandad Musulmana y los incluso más derechistas salafistas.
A mediados de junio, los egipcios se encontraron ante una elección cuyas “alternativas” eran dos candidatos presidenciales que encarnan a las fuerzas más poderosas y mejor organizadas del país: Ahmed Shafik, antiguo comandante de la Fuerza Aérea y último primer ministro de Mubarak, en representación del ejército, y Mohamed Morsi, de la Hermandad Musulmana. Aunque muchos liberales y supuestos izquierdistas denunciaron la elección como un golpe contra la “democracia” establecida por la “Revolución Egipcia”, el resultado deriva directamente de la política de unidad nacional contra Mubarak que dominó las protestas, en las que la clase obrera no fue nunca un factor por sí misma y, en cambio, quedó subordinada a las fuerzas políticas burguesas.
El 24 de junio Morsi fue declarado ganador. Shafik, ante la amenaza de enfrentar cargos de corrupción, abandonó el país junto con la mayor parte de su familia. En esencia, el ejército permitió que la Hermandad asumiera la presidencia como una fachada para preservar el dominio del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA). Anticipando una victoria de la Hermandad, el CSFA se movilizó en el periodo preelectoral para afianzar su sangriento control sobre la sociedad. Disolvió el parlamento elegido seis meses atrás, que estaba en manos de los islamistas y en esencia carecía de poder, después de que una corte encontrara “irregularidades electorales”. Otorgó a la policía militar el poder de arrestar civiles, incluidos los obreros en huelga. Aunque una corte revocó esa medida y otras tantas, la verdad es que el ejército estaba tratando de formalizar lo que ya es una realidad: más de 10 mil civiles han sido juzgados por tribunales militares desde febrero de 2011.
Los comentaristas burgueses y los izquierdistas “socialistas” en Egipto y el extranjero utilizan con descaro el término “revolución” para describir el levantamiento del año pasado. Grupos como los Socialistas Revolucionarios (SR) egipcios llaman a derrotar la “contrarrevolución” apoyando a la reaccionaria Hermandad. En las calles de El Cairo, anuncios colocados por las diversas fuerzas políticas, incluido el ejército, cantan loas a la “Revolución del 25 de Enero”. Pintas en los muros celebran a los “mártires de la revolución”, las casi mil personas que murieron durante el levantamiento y los muchos más que el ejército ha masacrado desde entonces.
Pero hay que decir la verdad: ésta no fue una revolución. Miles y miles tomaron las calles de El Cairo, Alejandría y otras ciudades más pequeñas impulsados por la pobreza y el deseo intenso de deshacerse del gobierno militar y la opresión multilateral endémica al capitalismo egipcio. Pero todo lo que ofrecieron las fuerzas políticas al mando del levantamiento fue otra forma de dictadura de la clase capitalista. Aunque los trabajadores han protagonizado huelgas y paros durante la última década, alcanzando su clímax en 2011, la clase obrera no ha entrado en la escena política bajo su propia bandera, luchando por sus propios intereses de clase.
En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Hamdin Sabahi recibió gran parte del voto obrero, quedando en tercer lugar con casi 21 por ciento de la votación. Sabahi obtuvo mucho apoyo haciendo referencia al Coronel Gamal Abdel Nasser, un líder nacionalista de izquierda con un programa de nacionalizaciones, las cuales su régimen combinó con la represión brutal. Aunque estos votos son una expresión del deseo de muchos trabajadores de rechazar tanto al ejército como a los islamistas, también son una demostración de la subordinación política del proletariado a su enemigo de clase capitalista. Durante muchos años, el ejército ha aprovechado las grandes reservas de nacionalismo —representado en las protestas del año pasado por la omnipresente bandera egipcia y la idea de que el ejército era “uno con el pueblo”— para oscurecer la división de clases entre la diminuta capa de capitalistas asquerosamente ricos en la cima y los obreros y campesinos brutalmente explotados en el fondo.
Egipto es el país árabe con mayor población. Su clase obrera es una de las más numerosas, más combativas y potencialmente más poderosas de la región. No obstante el dominio militar, Egipto sigue siendo una sociedad profundamente inestable. A pesar de las semanas de interminables campañas electorales y de la presión para votar, más de la mitad del electorado no se tomó siquiera la molestia de participar en la farsa electoral del CSFA. Las condiciones materiales de vida para la abrumadora mayoría de la población de hecho han decaído, en tanto que los precios de los alimentos y el desempleo han aumentado drásticamente. Las odiadas fuerzas policiacas, incluidas las Fuerzas Centrales de Seguridad, permanecen intactas y pronto volverán a las calles a mantener “la ley y el orden”. Tanto el ejército como la Hermandad han dejado clara su intención de recuperar la “estabilidad”, lo que incluirá reprimir las huelgas.
La situación exige la construcción de un partido obrero internacionalista. Como escribimos después de la caída de Mubarak (“Egipto: El ejército en el poder apuntala al régimen capitalista”, Espartaco No. 33, primavera de 2011):
“Derechos democráticos elementales como la igualdad legal de la mujer y la plena separación entre la religión y el estado; la revolución agraria que le dé tierra a los campesinos; el fin del desempleo y la miseria absoluta: las aspiraciones básicas de las masas no pueden verse satisfechas sin derrocar al orden capitalista bonapartista. El instrumento indispensable para que la clase obrera asuma la dirección es un partido revolucionario, que sólo puede construirse mediante una lucha implacable contra todas las fuerzas burguesas, desde el ejército hasta la Hermandad y los liberales que falsamente dicen apoyar la lucha de las masas. Un partido así debe actuar, en palabras del líder bolchevique V.I. Lenin, como un ‘tribuno del pueblo’, luchando contra la opresión de la mujer, los campesinos, los cristianos coptos, los homosexuales y las minorías étnicas”.
Postrándose ante la Hermandad
Los grupos que reclaman la bandera del socialismo en Egipto son un obstáculo en la lucha por el poder obrero, al disolver los intereses de clase propios del proletariado en la supuesta necesidad de unir al “pueblo” para “continuar la revolución”. El más importante es el grupo Socialistas Revolucionarios, una tendencia asociada con el fallecido Tony Cliff, y vinculada con la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) estadounidense y con el Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista) británico. Particularmente desde el levantamiento del año pasado, los SR se han convertido en el grupo más influyente de la “extrema izquierda” en Egipto. Sus declaraciones y artículos son traducidos y leídos por organizaciones izquierdistas alrededor del mundo.
Los SR causaron algo de descontento entre sus filas cuando anunciaron formalmente su apoyo a Morsi, candidato de la Hermandad Musulmana, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Los orígenes de esta capitulación a los enemigos mortales de las mujeres, los obreros y las minorías religiosas pueden trazarse hasta la fundación misma de los SR en los 90, cuando se opusieron a la hostilidad de otros izquierdistas hacia el Islam político. Los SR afirman que la Hermandad, debido a su base de masas, tiene contradicciones que los socialistas pueden explotar (ver “Pandering to Reactionary Muslim Brotherhood” [Capitulando a la reaccionaria Hermandad Musulmana], WV No. 974, 18 de febrero de 2011). El 28 de mayo, los SR emitieron una declaración llamando por “un frente nacional que se oponga al candidato de la contrarrevolución”, Shafik.
Más tarde, el 4 de junio, vino una declaración con el título “A los camaradas”, que admitía que la declaración del 28 de mayo había “provocado una respuesta negativa entre cierto número de miembros de los SR”. A pesar de ello, los SR continuaron defendiendo su apoyo a la Hermandad alegando la necesidad de derrotar la “contrarrevolución”. Y aun así, el 4 de junio los SR publicaron una declaración distinta (reimpresa en el número del 8 de junio de su periódico, El Socialista) que llamaba a boicotear las elecciones si la “Ley de exclusión política” —que fue aprobada por el parlamento a principios de año para impedir que los altos mandos del gobierno de Mubarak participen en las elecciones— no era implementada. Dado que el principal candidato asociado con Mubarak era Shafik, esta línea no era sino una forma de apoyo encubierto a la Hermandad. (La ley no se aplicó.)
En su declaración “A los camaradas”, los SR describen a la Hermandad como “una organización llena de contradicciones de clase encubiertas por consignas religiosas vagas”. ¡No! Se trata de una organización burguesa basada en la religión. Y su programa religioso no tiene nada de “vago”. Durante mucho tiempo, Egipto ha sufrido la influencia del sofocante hedor de la Hermandad. Las mujeres no están obligadas por ley a usar la mascada y, sin embargo, la gran mayoría la usa por la presión social ejercida por la Hermandad Musulmana y por los salafistas, aún más fundamentalistas que ésta. Los cristianos coptos de Egipto están aterrados justificadamente tras la victoria de la Hermandad. Las mujeres, por su parte, enfrentan un futuro aún más obscuro. Para darse una idea de lo que preparan los islamistas, basta con echar un vistazo a dos propuestas de ley que presentaron en el parlamento ahora disuelto. Una, que introdujo un salafista, planteaba legalizar una vez más la horrenda práctica de la mutilación genital femenina, que de cualquier modo es ampliamente ejercida. Otra buscaba reducir la edad mínima para que una mujer contraiga matrimonio a los 14 años.
Los SR tratan de justificar su escandaloso apoyo a la Hermandad con la línea de que los “feloul” —es decir, los “remanentes” del régimen de Mubarak— deben ser derrotados a toda costa. Pero aunque los SR actualmente braman sobre los peligros del gobierno militar, cuando se desplegó al ejército en las calles de El Cairo justo antes de la renuncia de Mubarak, los SR se unieron a la celebración nacionalista. En medio de las ilusiones dominantes en el ejército, los SR se quejaban, en una declaración del 1º de febrero de 2011, de que “éste ya no es el ejército del pueblo”. El ejército de los regímenes capitalistas de Nasser, Sadat y Mubarak nunca fue “el ejército del pueblo”. Los SR incluso promovieron ilusiones en la policía, celebrando en una declaración del 13 de febrero de 2011 que “la ola de la revolución social se ensancha día con día conforme nuevos sectores se unen a las protestas, incluyendo a los policías, los mujabarín [agentes de inteligencia] y los oficiales de policía”.
Como marxistas rechazamos el marco de los SR, que plantea sólo dos opciones: capitular a las fuerzas “seculares” respaldadas por el ejército, como Shafik, o a los islamistas como la Hermandad. De hecho, ambas son formas alternativas de apuntalar el dominio capitalista. En contraste con el apoyo que dieron los SR a la Hermandad, nuestros camaradas del Grupo Trotskista de Grecia dieron apoyo crítico al Partido Comunista Griego (KKE) en las recientes elecciones griegas (ver “¡Votar por el KKE! ¡Ni un voto a Syriza!”, suplemento de Espartaco, julio de 2012). En breve, el KKE, un partido obrero, trazó, a pesar de su colaboracionismo de clases estalinista, una cruda línea de clase contra la Unión Europea imperialista en estas elecciones y afirma odiar el capitalismo. La reaccionaria Hermandad, como admiten incluso los propios cliffistas, ¡adora el capitalismo!
La incoherencia de la incoherencia
¿Qué fue lo que hicieron realmente los miembros de los SR el día de la elección? No queda más que adivinar. Sin embargo, sus correligionarios en el SWP británico apoyaron completamente su llamado a votar por Morsi. Anne Alexander escribió en un artículo de Socialist Worker del 16 de junio: “Votar por Morsi contra Shafik es un paso importante para construir un movimiento revolucionario más allá de las elecciones”. Para darse una idea del apoyo que uno puede esperar de las fuerzas islámicas basta con ver a Túnez, cuna de la “Primavera Árabe” y la sociedad históricamente más secular del norte de África. Bajo el gobierno islamista “moderado” del Ennahda, los salafistas incendian oficinas de la federación sindical UGTT y presiden un régimen de terror contra las mujeres en las universidades. En Egipto, los salafistas ya han provocado alborotos, quemando casinos, bares, tiendas de licores y supuestos burdeles, así como presionando intensamente a las mujeres para que adopten el niqab (velo) de pies a cabeza.
Los cliffistas estadounidenses de la ISO encontraron “sorprendente” la línea del voto para Morsi de los SR, añadiendo que su declaración del 28 de mayo “plantea muchas preguntas problemáticas”. Sus diferencias, sin embargo, son puramente tácticas. En “Egypt’s Election Dead End” [El callejón sin salida de las elecciones en Egipto], Alan Maass, de la ISO, se queja de que la Hermandad “vaciló durante la rebelión de 2011” y “una y otra vez se ha demostrado incapaz de defender la revolución” (socialistworker.org, 31 de mayo). Aunque Maass añade que la Hermandad es un “partidario entusiasta de las políticas de libre mercado” y “es, en general, conservadora en varios temas sociales”, la “alternativa” de la ISO y su colaboracionismo de clase fue ir a la cola del político nasserista Sabahi.
Las siempre tibias críticas de Maass no fueron bien recibidas por Mustafá Ali, de los SR, y otros, a juzgar por los comentarios en el sitio de la ISO. En un comentario del 3 de junio, Ali criticó a Maass por usar, “de manera unilateral”, “el compromiso de la Hermandad con el capitalismo como barómetro para tomar decisiones sobre si votar por ellos o no”. Ali asegura a los lectores que desde la primera vuelta de las elecciones “podemos contar ahora con millones [de personas] para presionar a la Hermandad Musulmana a cada paso”. Al día siguiente, Bill Crane, de la ISO, declaró en respuesta a Maass: “Los líderes de la Hermandad, a pesar de su política reaccionaria, tienen un interés directo en preservar las conquistas de la revolución como la democracia política y el fin de la represión estatal”.
Esta línea hace eco del apoyo por parte de diversas organizaciones oportunistas de izquierda, en Irán e internacionalmente, a la llegada al poder del Ayatollah Jomeini en la “revolución islámica” de 1978-79, que dio fin al odiado régimen del Shá, respaldado por Estados Unidos. Subrayando el poder del proletariado iraní nosotros levantamos las consignas: ¡Abajo el Shá! ¡No a los mullahs! ¡Obreros al poder! Por su parte, la ISO y el SWP se contaban entre los más entusiastas porristas de la reacción islámica. La ISO incluso tituló un artículo: “La forma: religiosa; el espíritu: la revolución” (Socialist Worker, enero de 1979). Cuando los islamistas llegaron al poder implementaron una oleada asesina de represión contra las mujeres, los homosexuales y las minorías religiosas, étnicas y nacionales, además de masacrar a los propios izquierdistas que los habían estado promoviendo como una fuerza “antiimperialista”.
El apoyo de los SR a la Hermandad Musulmana egipcia puede dar resultados igualmente suicidas. A finales del año pasado, los islamistas iniciaron una salvaje campaña contra los SR, a la que se sumaron las fuerzas de seguridad y que fue propagada en gran parte de los medios burgueses. El periódico de la Hermandad Musulmana imprimió un artículo de portada que acusaba a los SR de violentos, mientras que el partido Al-Nour salafista acusa a la organización de “anarquía” y de ser financiada por la CIA —un llamado abierto a encarcelarlos o hacerles incluso cosas peores—. Y, aun así, los SR continúan con su peculiar fascinación con los islamistas. Y no sólo los de la Hermandad: Hossam el-Hamalawy, dirigente de los SR, describió emocionado en un blog, hablando de la participación de su grupo en protestas organizadas por los salafistas, cómo los SR “están llegando al ala más revolucionaria del movimiento salafista y ganándose su respeto”.
Una “carta abierta” del 5 de junio escrita por la Tendencia Marxista Internacional (TMI) de Alan Woods y dirigida a los SR, plantea la preocupación de que el apoyo a la Hermandad “dañe la reputación y la influencia de los Socialistas Revolucionarios entre los obreros y, más ampliamente, las masas”. Como la ISO, la TMI promovió al candidato nasserista Sabahi quien, según un artículo de Woods del 1º de junio, “muestra un enorme potencial para la futura victoria de la izquierda en Egipto”. El apoyo a esa clase de fuerzas burguesas está en la naturaleza de la TMI, algunas de cuyas secciones han existido durante años al interior de partidos burgueses como el Partido Popular de Pakistán.
El apoyo al nacionalismo árabe ha conducido a sangrientas derrotas para el movimiento obrero a lo largo del Medio Oriente. Egipto no es la excepción: Nasser llegó al poder apoyado por los estalinistas sólo para suprimirlos brutalmente una vez ahí. En Egipto y a lo largo del Medio Oriente, el crecimiento del Islam político, que se alimenta de la miseria y la pobreza de las masas, se debe a la bancarrota absoluta del nacionalismo burgués y a la política estalinista de subordinación a esas fuerzas.
En su literatura para justificar el voto a Morsi, los SR esencialmente presentan a la Hermandad como si hubiera estado siempre en conflicto con los gobernantes de Egipto. Bajo Nasser, Anwar Sadat y Mubarak, los islamistas fueron reprimidos en algunas ocasiones, pero tolerados e incluso fomentados en otras. A principios de la década de 1970, Sadat desató a la Hermandad, cuchillos en mano, para aplastar a los comunistas en las universidades. Mubarak, por su parte, encontró útil tolerar a la Hermandad para presentar su régimen como el único obstáculo en el camino hacia un régimen islámico.
En el fondo, hay dos alternativas para las masas trabajadoras en Egipto: ya sea la pobreza y la intensa opresión social bajo una forma u otra de dominio burgués, o el dominio obrero y la extensión de la revolución socialista a lo largo del Norte de África y el Medio Oriente y a los centros imperialistas. Como explicó León Trotsky al desarrollar su teoría de la revolución permanente, en los países de desarrollo capitalista atrasado la burguesía es muy débil, atrasada y dependiente del imperialismo para lograr la modernización y el desarrollo general de esas sociedades. Como escribimos en “Egypt: Military and Islamists Target Women, Copts, Workers” (Egipto: Mujeres, coptos y obreros en la mira del ejército y los islamistas, WV No. 994, 20 de enero):
“La liberación de las masas egipcias requiere del derrocamiento no sólo de los militares, sino también de los capitalistas, los terratenientes, el clero islámico y de los imperialistas que lucran con la aplastante opresión de la población. El poder para lograrlo está en manos de la clase obrera, cuya conciencia debe ser transformada de la de una clase en sí, que lucha para mejorar sus condiciones en el marco del capitalismo, a la de una clase para sí, realizando su potencial histórico de dirigir a todos los oprimidos en una lucha revolucionaria contra el sistema capitalista”.
La crisis económica capitalista que ha devastado el nivel de vida y las vidas mismas de los trabajadores desde el Norte de África hasta Europa, Norteamérica y Japón subraya aún más la necesidad de una perspectiva que sea al mismo tiempo revolucionaria, proletaria e internacionalista. Para llevar a cabo esta perspectiva, el factor crucial necesario es la dirección proletaria. La tarea es construir partidos obreros revolucionarios basados en la independencia respecto a todas las fuerzas burguesas y comprometidos con la lucha por un orden socialista mundial.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/36/egipto.html
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2016.06.04 12:32 ShaunaDorothy PRI, PAN, PRD, PANAL: ¡Ninguna opción para explotados y oprimidos! ¡Ni un voto a los partidos burgueses! AMLO: Caudillo populista del capital - ¡Forjar un partido obrero! (Junio de 2012)

https://archive.is/fAX2u
Espartaco No. 35 junio de 2012
Un mes antes de las elecciones presidenciales, parece que el Partido Acción Nacional (PAN) será un partido de “oposición” una vez más, y que el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México por siete décadas, podrá regresar a Los Pinos. Para la clase obrera, no hay candidato por el cual votar. Todos los candidatos —desde Josefina Vázquez Mota del gobernante PAN y Enrique Peña Nieto del PRI, hasta Andrés Manuel López Obrador del PRD populista burgués y Gabriel Quadri de la reaccionaria y algo bizarra Nueva Alianza— son igualmente enemigos de los intereses de los obreros y oprimidos. Todos los candidatos defienden la explotación capitalista y, por ende, no harán nada para combatir los males que son consecuencia de esa explotación. No importa quién gane en julio el puesto de presidente de México, seguirá el hambre, la represión, el desempleo, la opresión de la mujer y la miserable pobreza en el campo, la cual golpea principalmente a la población indígena.
Apoyamos la participación de la clase obrera en la política, pero eso no significa escoger entre las candidaturas que presenta la burguesía. Estamos por la participación independiente de los obreros. En este momento, no existe en México un partido obrero, ni un candidato que trace siquiera una tenue línea de clases. Bajo estas circunstancias no podemos más que hacer propaganda marxista en la lucha por quitar los obstáculos ideológicos en el camino al futuro partido independiente del proletariado.
Revolución obrera vs. reforma del estado burgués
Los marxistas revolucionarios nos oponemos por principio a postular candidatos para puestos ejecutivos del estado capitalista —por ejemplo el de presidente, alcalde o gobernador estatal—, sin excluir por adelantado darle apoyo crítico a otras organizaciones obreras en situaciones apropiadas. Esta posición fluye de nuestro entendimiento de que el estado capitalista existe para defender los intereses de la clase dominante. En su núcleo, el estado consiste en destacamentos de hombres armados —el ejército, la policía, los tribunales y las cárceles— que sirven para proteger el dominio de clase de la burguesía y su sistema de producción. Lejos de administrar el estado capitalista, los comunistas luchamos por destruirlo y remplazarlo con un estado obrero mediante la revolución socialista. Los diputados comunistas pueden participar, como opositores, en los parlamentos y otros cuerpos legislativos burgueses, actuando como tribunos revolucionarios de la clase obrera; pero asumir un puesto ejecutivo u obtener el control de una legislatura burguesa o un ayuntamiento municipal burgués exige tomar responsabilidad de la maquinaria del estado capitalista (ver: “Los principios marxistas y las tácticas electorales”, Spartacist [Edición en español] No. 36, noviembre de 2009).
En contraste, algunos falsos trotskistas aspiran a postularse para comandante en jefe del estado capitalista. La Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) lamenta no poder participar: “Como en 2006, estas elecciones son profundamente antidemocráticas ya que los trabajadores y la izquierda estamos impedidos, por las leyes electorales, de participar con nuestros candidatos/as, algo que ni siquiera la oposición perredista denuncia” (Estrategia Obrera No. 94, abril de 2012). Ciertamente, no somos indiferentes a los derechos electorales —como notamos al oponernos al desafuero de López Obrador en 2005—, y nos oponemos a la legislación que limita la participación electoral a los partidos (burgueses) establecidos. Sin embargo, postularse para un puesto ejecutivo de cualquier nivel o asumirlo no es un escalón hacia la movilización revolucionaria de las masas obreras, sino que sirve para fortalecer las ilusiones prevalecientes en la posibilidad de poner el estado capitalista al servicio de los explotados y oprimidos y, con ello, para fortalecer las cadenas que atan al proletariado a su enemigo de clase.
El centrista Grupo Internacionalista (GI) se opone a nuestra línea principista e incluso no rechaza la posibilidad de asumir puestos ejecutivos “en caso de ser elegidos”, al menos en una situación revolucionaria. Al contrario de las afirmaciones de estos “cretinos ejecutivos”, si algo hay que aprender de la larga historia de derrotas y oportunidades desperdiciadas es que es precisamente en las situaciones revolucionarias cuando las ilusiones en el estado capitalista tienen un impacto más nocivo, al desviar la lucha de la clase obrera por la toma del poder hacia la mera presión a los administradores de la explotación capitalista (ver: “El GI y los puestos ejecutivos: El centrismo de las cloacas”, Espartaco No. 29, primavera de 2008).
Austeridad y represión capitalistas
Estas elecciones se dan en el contexto de una crisis económica mundial que ha golpeado con saña a la población y ha sido un factor clave en el declive de la popularidad del PAN. En América, sólo México y Honduras tienen tasas de pobreza que se incrementaron de 2009 a 2010. Incluso el gobierno, a través del CONEVAL, admite que 52 millones de mexicanos viven en la pobreza, y casi la mitad de ellos no tiene siquiera suficiente para comer. Josefina Vázquez Mota, en una propuesta obscena que hace recordar a María Antonieta (“¡Que coman pastel!”), les dice a las masas hambrientas que se las arreglen con...crédito.
Además, la creciente vigilancia en la frontera y las medidas antiinmigrantes en EE.UU. han minimizado la válvula de escape de la migración al vecino del norte, haciendo esta opción cada vez menos viable. El hecho de que tanta gente siga poniendo su vida en riesgo al cruzar el desierto para llegar a EE.UU. es simplemente una medida de la desesperación de las masas mexicanas.
Otro factor crucial en el desahucio del PAN ha sido la brutal “guerra contra el narco”, la cual ha cobrado, según cifras del gobierno, unas 47 mil 500 vidas. Esta “guerra” no tiene nada que ver con proteger a la población; es una justificación para fortalecer al estado y limitar aún más los derechos de la población. Y aunque los demás candidatos tratan de aprovecharse del extendido hartazgo con la brutalidad estatal/criminal, todos concuerdan en lo mismo: fortalecer, de una u otra forma, al estado burgués.
El PAN parece haber pensado que una mujer, por el solo hecho de serlo, podría ampliar su base sobre todo entre el electorado del centro del país. Pero como señala la historiadora Jocelyn H. Olcott, Vázquez Mota “hace campaña explícitamente como alguien que confirma los estereotipos convencionales de género en vez de desafiarlos”. En lo que concierne a la “guerra contra el narco”, Vázquez Mota promete no sólo continuar la política calderonista sino fortalecerla mediante la creación de una “Policía Nacional Militarizada” (Proceso, 20 de mayo de 2012).
Peña Nieto es bien conocido como un tecnócrata neoliberal y un represor brutal, el ejecutor principal de la sangrienta represión contra los campesinos de Atenco en 2006. Por su parte, López Obrador pugna por fortalecer “el trabajo de inteligencia y la profesionalización de la investigación”, es decir, reforzar a la policía secreta y los servicios de espionaje. En calidad de jefe de gobierno del DF, fue AMLO el primero en desatar la represión estatal contra los campesinos de Atenco, al dar rienda suelta a los granaderos contra una manifestación de los atenquenses en noviembre de 2001. Entre las principales comparsas de campaña de AMLO se encuentra nada menos que Manuel Bartlett, antiguo priísta —como AMLO mismo— y secretario de gobernación —es decir, policía en jefe al nivel federal— bajo Miguel de la Madrid en los años 80, y artífice del fraude electoral que dio la presidencia a Carlos Salinas de Gortari en 1988. Ahora, AMLO propone para secretario de educación a Juan Ramón de la Fuente, quien solicitó la movilización masiva de la PFP en febrero de 2000 para romper la combativa huelga estudiantil de la UNAM y encarcelar a cientos de estudiantes.
Para ser justos, en lo que concierne a medidas de austeridad y represión, los demás candidatos se han visto superados por el grotesco y peligroso Gabriel Quadri del PANAL, títere de “La Maestra” Elba Esther. Consciente de que no tiene nada que perder, Quadri dice sin tapujos que está simplemente por privatizarlo todo —desde Pemex y la CFE hasta el metro— y multiplicar las fuerzas policiacas por diez. Quadri se queja de que Fox y Calderón supuestamente desmantelaron el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) al reorganizarlo y fingir hacerlo “transparente”. El bonapartista rabioso Quadri quisiera reforzar aún más estos cuerpos de “inteligencia” del estado, es decir, los que se encargan del espionaje contra la ciudadanía y deciden quiénes deben ser “desaparecidos”.
De 2006 a 2012
En el año electoral de 2006, la burguesía mexicana enfrentó una verdadera crisis política: el descontento social encontró cauce en luchas de clase y sociales masivas y combativas. Ya en 2005 más de 1.2 millones de personas se habían manifestado contra el intento por parte del PAN de descalificar a su principal oponente, López Obrador, a través del desafuero. El éxito de Fox en esta empresa habría significado un golpe contra el sufragio efectivo, la finísima capa de democracia que cubre a un México volátil y el derecho de la clase obrera a organizarse. A fin de cuentas, Fox y cía. recularon y recurrieron al medio más tradicional del fraude para meter a su hombre a Los Pinos.
Poco después de la combativa huelga de obreros siderúrgicos de Sicartsa en Michoacán —durante la cual los mineros-metalúrgicos resistieron exitosamente a las fuerzas del gobierno federal panista y el estatal perredista al costo de dos obreros muertos—, luego que los campesinos de Atenco eran abatidos a sangre y fuego, y mientras todavía estaba ocupado el centro de Oaxaca por maestros en huelga, el fraude electoral de julio de 2006 tocó un nervio. Más de dos millones de personas se manifestaron contra el fraude el 30 de julio. Luego AMLO armó un plantón en Reforma, que interfería con el tránsito en una sección importante de la ciudad. La ocupación de Oaxaca continuó hasta que fue aplastada por las fuerzas del estado en noviembre. En diciembre, Calderón hizo de su toma de protesta un apresurado evento (de cinco minutos) totalmente militarizado a causa de la enorme protesta que rodeaba San Lázaro. En enero de 2007, un alza de 40 por ciento en el precio de la tortilla, que pasó a ser conocida como el Tortillazo, hizo que la gente —encabezada por poderosos sindicatos obreros— saliera de nuevo en masa a las calles.
López Obrador desempeñó el papel más importante en la desactivación de esa situación potencialmente explosiva; valiéndose de su amplio apoyo entre las masas, se aseguró tempranamente de que las movilizaciones quedaran circunscritas en el marco de la política electoral burguesa. AMLO presenta los plantones como una postura racional para controlar a sus seguidores:
“Lo del plantón de Reforma y el Zócalo se hizo para evitar la violencia. Nos costó mucho, fuimos cuestionados mucho por eso, pero hay que decirles que si no hubiésemos tomado esa decisión hubiera habido muertos... Ayudamos para que podamos salvar a México” (Proceso, 19 de diciembre de 2011).
Aunque sus oponentes burgueses no se le muestren muy agradecidos, en esa ocasión el PRD desempeñó su papel histórico al disipar la furia de las masas, logrando regresar al México capitalista a una situación de relativa estabilidad.
Ahora, ya terminando el sexenio de Calderón, las luchas obreras han sido mucho más escasas y aisladas. El Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), históricamente uno de los sindicatos más combativos de México, ya no existe como un sindicato con fuerza social derivada de su conexión con los medios de producción y la industria, sino sólo como una organización de ex obreros que luchan por regresar a sus viejos trabajos. Están en esta posición de debilidad, tras la liquidación de Luz y Fuerza del Centro, porque fueron dejados morir solos por los demás sindicatos que podrían haber mostrado su poderío a través de acción huelguística en defensa del SME. Las burocracias sindicales procapitalistas, incluida la del propio SME, se limitaron en vano a ejercer presión sobre el gobierno mediante marchas y canalizaron el descontento hacia las ilusiones parlamentaristas, lo cual condujo a una derrota histórica para la clase obrera de México.
En la víspera de las elecciones presidenciales de 2006, AMLO —montado en la lucha social combativa— presentaba una cara un poco más de izquierda, y su lema de campaña era “Por el bien de todos, primero los pobres” (que de por sí recordaba a la teología de la liberación que los curas jesuitas impulsaban para arrear de vuelta a las ovejas que se apartaban del camino del señor y contemplaban peligrosas ideas radicales). Ahora, AMLO recurre a la cursilería risible de la “república amorosa”. No es que haya cambiado su naturaleza o siquiera su política en alguna forma fundamental (era un político burgués y lo sigue siendo), sino que considera que le conviene tener una imagen más “respetable”. Ahora trata ostentosamente de extender su mano hacia los hombres de negocios, no sea que alguien piense que es algún tipo de radical.
2012: Reacción clerical a la alza
El PAN —partido histórico de la reacción clerical— hace todo lo posible por impulsar sus prioridades religiosas oscurantistas. Hugo Valdemar, vocero de la Arquidiócesis de México, expresó esencialmente la posición del PAN al despotricar contra los derechos democráticos elementales del matrimonio gay y el aborto, reclamando que los perredistas “han creado leyes destructivas de la familia, que hacen un daño peor que el narcotráfico. Marcelo Ebrard y su partido el PRD, se han empeñado en destruirnos” (El Universal, 17 de agosto de 2010). En esta cruzada, el PAN no podía contar con mejor aliado que el mismísimo papa, quien fungió como orador principal en lo que fue, de hecho, el mitin de lanzamiento de la campaña panista en Guanajuato en marzo pasado.
Como parte de esta ofensiva clerical, la visita del papa a la cuna de la rebelión cristera sirvió también de contexto para el lanzamiento de la película Cristiada, protagonizada nada menos que por el gusano Andy García. Casi cada iglesia católica ostenta aún un cartel promoviendo esta bazofia en celuloide que celebra a los fundamentalistas católicos que se rebelaron, a las órdenes de la iglesia, contra las políticas jacobinas burguesas del gobierno de Plutarco Elías Calles en los años 20. Entre otras piadosas aficiones, los cristeros —declarados oficialmente santos por el Vaticano— gustaban de cortar orejas, especialmente de las maestras rurales que se identificaban con la ideología del gobierno federal.
La iglesia católica y el gobierno panista han estado trabajando juntos para ir minando la separación histórica entre la iglesia y el estado —ganada mediante la guerra civil de Reforma juarista— y para aumentar el papel de la iglesia en la vida pública. Las disputas coincidieron con la visita del papa, y en marzo se aprobó una enmienda al artículo 24 de la constitución que elimina algunas de las restricciones sobre las actividades de las instituciones religiosas (la enmienda ahora va a los estados para ratificación). Mientras la derecha clerical dice no querer cambiar el artículo 3° constitucional que establece que la “educación [impartida por el estado] será laica”, el senador del PAN Santiago Creel Miranda lo dejó muy claro: “la reforma [del artículo 24] es para que los padres de familia tengamos el derecho de determinar si nuestros hijos van a tener o no educación de carácter religiosa”.
Como escribimos en 2005 en respuesta al cambio de nombre de la avenida Benito Juárez García a Juan Pablo II, entonces recién fallecido:
“Juárez estableció la separación entre la iglesia y el estado y la educación laica y forzó la venta de los latifundios de la iglesia. El papa Pío IX declaró ‘nulas y sin valor’ las leyes juaristas y excomulgó al propio Juárez. Nosotros, como comunistas y ateos combativos, somos acérrimos defensores de este legado de Juárez y decimos: ¡Ni una lágrima, ni una calle para el papa de la contrarrevolución!”
—“¡Viva Juárez! ¡Abajo Wojtyla! ¡Por la separación de la iglesia y el estado!”, Espartaco No. 24, verano de 2005
Ninguno de los candidatos, ni sus partidos, es capaz de ofrecer una verdadera oposición al involucramiento de la iglesia en la vida política del país. Vázquez Mota, López Obrador y Peña Nieto asistieron a la misa que ofició el papa Ratzinger el 25 de marzo —por cierto, al pie del Cerro del Cubilete, el principal santuario cristero—, y luego los cuatro candidatos se reunieron individualmente con el pleno de los obispos mexicanos para definir sus posturas acerca de varias cuestiones sociales —y obtener su bendición—. Aunque AMLO procura no oponerse abiertamente a las leyes promulgadas por su partido en el DF que permiten el matrimonio gay y el aborto (el último sólo durante los primeros tres meses de embarazo), y que gozan de gran popularidad entre un sector importante de la población local, durante su audiencia en el episcopado, AMLO prometió a los obispos que, como presidente, sometería las leyes en torno al aborto y el matrimonio gay a plebiscito.
Como marxistas revolucionarios, defendemos las reformas sobre el aborto y el matrimonio (y divorcio) gay como derechos democráticos elementales. Al mismo tiempo, nos oponemos a las restricciones al aborto y a las penas de hasta seis meses de prisión a las mujeres que reciban un aborto después de los tres meses de embarazo, y de hasta tres años a quienes lo practiquen. ¡Plenos derechos democráticos para los homosexuales! ¡Aborto libre y gratuito en todo México! ¡Abajo el límite de doce semanas! ¡Abajo todas las penas!
Populistas y neoliberales
El burdo conservadurismo clerical y las políticas represivas y en general derechistas del PAN permiten al PRD —y hoy, en cierta medida, incluso al odiado PRI con Peña Nieto al frente— presentarse como una alternativa más amigable a las masas y como un vehículo para obtener ansiadas conquistas democráticas. La popularidad de AMLO deriva principalmente de su retórica antineoliberal, dirigida contra el fantasma de Salinas de Gortari, al tiempo que trata de mantener su asociación con Carlos Slim, el hombre más rico del mundo y el principal beneficiario de las privatizaciones salinistas, quien hoy propone aumentar la edad de jubilación (La Jornada, 18 de mayo). AMLO se declara contra la privatización del sector energético y en el DF llevó a cabo medidas como subsidios a los ancianos y las madres solteras.
Es necesario que la clase obrera rompa con AMLO, el PRD burgués y las diversas organizaciones asociadas con él. AMLO es la versión mexicana del populismo nacionalista que ha caracterizado a varios regímenes latinoamericanos en épocas recientes (prominentemente Hugo Chávez en Venezuela). Debido a la debilidad intrínseca de las burguesías de los países de desarrollo capitalista atrasado, en la medida en que la clase dominante nacional (o un sector de ella) intenta ofrecer alguna medida de resistencia al imperialismo, se tiene que apoyar en el proletariado, es decir, utilizarlo. Históricamente —como en los casos de Lázaro Cárdenas en México, Perón en Argentina o Nasser en Egipto—, las burguesías tercermundistas han recurrido al populismo nacionalista para ganar el apoyo de la poderosa clase obrera y colocarse en una mejor posición para renegociar los términos de su propia subordinación a los imperialistas. En este sentido, es revelador el hecho de que el PRD ni siquiera esté por echar abajo el TLCAN, principal vehículo actual de la subordinación económica de México a EE.UU. y también una de las principales causas de la devastación económica, especialmente en el campo. El PRD está simplemente por “renegociar” este tratado de rapiña imperialista.
El populismo nacionalista y el neoliberalismo son simplemente políticas alternativas del régimen capitalista, a menudo seguidas por el mismo individuo según lo dicten las exigencias del momento. Un ejemplo de esto lo da la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, quien en los años 90 apoyó la privatización de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). En 2010, Argentina tuvo que importar petróleo por primera vez desde la privatización, y parece que la burguesía decidió usar otra táctica para asegurar su riqueza proveniente de la explotación de la clase obrera. Así, en mayo el gobierno de Fernández expropió (sólo) 51 por ciento de la petrolera YPF, enfureciendo a España y a la petrolera Repsol, que había comprado YPF. Defendemos esta expropiación como una medida de autodefensa llevada a cabo por un país dependiente, aunque, al contrario de las afirmaciones de toda una gama de nacionalistas e “izquierdistas”, no plantea un reto contra la propiedad privada capitalista y no tiene nada que ver con el socialismo —ni siquiera es particularmente izquierdista para estándares burgueses—.
He aquí el dilema de México, el cual señalamos al escribir en contra de la privatización de Pemex:
“Independientemente de lo que hagan con Pemex, de quién gobierne y bajo qué programa, el México capitalista seguirá siendo un productor de petróleo atrasado y subyugado por el imperialismo, sujeto a las crisis del mercado y las fluctuaciones enloquecidas de los precios del crudo. No se puede romper el yugo imperialista ni satisfacer las necesidades de la población bajo el capitalismo, menos cuando se basa principalmente en una industria extractiva en un país semicolonial”.
—“¡Abajo la reforma privatizadora de Pemex!”, Espartaco No. 30, invierno de 2008-2009
La solución estriba en desechar el marco de escoger “el mal menor” bajo el capitalismo y luchar por una revolución socialista. Nos guiamos por el entendimiento que estuvo detrás de la Revolución Rusa de 1917:
“La experiencia desde la Segunda Guerra Mundial ha validado totalmente la teoría trotskista de la revolución permanente que declara que en la época imperialista la revolución democrático-burguesa sólo puede ser completada por la dictadura del proletariado, apoyada por el campesinado. Los países coloniales y semicoloniales sólo pueden obtener su genuina emancipación nacional bajo la dirección del proletariado revolucionario. Para abrir el camino al socialismo, se requiere la extensión de la revolución a los países capitalistas avanzados”.
—“Declaración de principios y algunos elementos de programa” de la LCI, Spartacist (Edición en español) No. 29, agosto de 1998
“Izquierdistas” a la cola de AMLO y el PRD
Un argumento de los falsos marxistas que votan por AMLO es que hay que luchar contra el neoliberalismo. Esto tiene variantes, pero a fin de cuentas lo que significa es apoyar al ala supuestamente progresista de la burguesía como el mal menor. Según los que piensan así, esto es un paso en dirección de una revolución obrera, pero en realidad es un gran paso atrás. Una alianza de colaboración de clases es una derrota ideológica para el proletariado. El propósito histórico de formaciones burguesas de “izquierda” es apaciguar a la clase obrera y los oprimidos con migajas para que la explotación pueda continuar. Es suavizar los bordes ásperos del capitalismo para que parezca mejor a la vista de los explotados y que éstos no se levanten en su contra. Es la zanahoria en vez del garrote, aunque en una sociedad poco estable como México, hay bastante garrote también.
Varios grupos que se hacen llamar “trotskistas”, incluyendo al Partido Revolucionario de los Trabajadores y ambos bandos de la escisión de los seguidores del difunto laborista Ted Grant (Tendencia Marxista Militante e Izquierda Socialista), llaman a votar por López Obrador. El PRT, trata de dar a esta colaboración de clases una absurda cubierta “obrera” a través de la Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (OPT), que no es más que un nuevo vehículo de campaña de AMLO (también está el Morena), para cuando quiere fingir que es algo diferente, más a la izquierda que el PRD. Los grantistas de la TMM y de la IS, que han estado dentro del PRD por 22 años, justifican su colaboración de clases diciendo que es trabajo entre las masas. Trabajo tal vez, pero ciertamente no revolucionario, ya que fortalecen las ilusiones de que con presión AMLO y/o el PRD pueden representar los intereses de los obreros y oprimidos.
Aunque nos pueda causar beneplácito el bochorno que ha tenido que enfrentar Peña Nieto ante las manifestaciones en su contra en el DF y los abucheos multitudinarios que recibió en la Ibero en mayo, no ayuda a los obreros y oprimidos oponerse al PRI para apoyar al PRD. En estas elecciones no hay opción para los obreros. Gane quien gane —Peña Nieto, López Obrador o Vázquez Mota—, la clase obrera enfrentará un fortalecimiento de la ofensiva capitalista contra sus conquistas y sus intereses. Los obreros estarán mejor preparados para las futuras batallas si no se dejan engañar por el PRD, si se niegan a votar por ese partido burgués (y sus satélites). Sobre todo, la clase obrera necesita una nueva dirección, una dirección revolucionaria. Luchamos para forjar el partido leninista que algún día dirigirá a los obreros en el derrocamiento victorioso del capitalismo. ¡Reforjar la IV Internacional, partido mundial de la revolución socialista! ¡Por la revolución socialista en toda América!
Luchando por el comunismo en el periodo postsoviético
La realidad es que la revolución proletaria y su extensión internacional son el único medio para dar solución a los problemas candentes de la clase obrera y los oprimidos. La revolución socialista internacional abriría el camino para el desarrollo de las fuerzas productivas para la satisfacción de las necesidades de la población —no ya para el grotesco enriquecimiento de unos cuantos—. Sentaría las bases para el advenimiento de una nueva sociedad sin clases, en la cual la explotación y la opresión serían cosa del pasado. En tal sociedad, se habrá vencido la escasez económica, lo cual llevará a la eliminación del trabajo asalariado (“de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”). El trabajo enajenado habrá sido remplazado por el trabajo creativo, científico y cultural. El estado se habrá extinguido, de manera que el gobierno sobre los hombres será sustituido por la administración de las cosas. Y la familia habrá sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico y la crianza de los niños.
Hoy día, esta perspectiva comunista es ampliamente descartada como una mera utopía, en el mejor de los casos. Para entender mejor esta época, tenemos que ubicarla en el contexto de la contrarrevolución capitalista en la URSS, una derrota histórica para la clase obrera y los oprimidos. Ésta ha cambiado la relación de fuerzas a favor del imperialismo y también ha resultado en un retroceso en la conciencia. La adopción de la idea de la “muerte del comunismo” impulsada por los imperialistas significa no creer que sea posible una civilización comunista mundial en el sentido marxista.
Como señaló un camarada durante discusiones acerca de las condiciones ideológicas de nuestra época, nuestros oponentes en la izquierda no comparten nuestra perspectiva y objetivos históricos:
“La gran mayoría de quienes se consideran izquierdistas mayores a, digamos, 40 o 50 años consideran que es utópico pensar que pueda existir en el futuro una sociedad como la que se describe arriba. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, en el medio de los ‘foros sociales’ [hoy los movimientos ‘ocupa’], en efecto ignoran el concepto marxista de una civilización comunista global y les resulta indiferente. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas —el apoyo a los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), el detener el desmantelamiento del ‘estado benefactor’ en Europa Occidental, el evitar que se degrade aún más el medio ambiente (calentamiento global)—”.
—“Critical Notes on the ‘Death of Communism’ and the Ideological Conditions of the Post-Soviet World”, [Notas críticas acerca de la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético] Workers Vanguard No. 949, 1° de enero de 2010
Es necesario pues nadar contra la corriente, interviniendo en las luchas de clases y sociales con un programa marxista revolucionario —es decir, trotskista—, para ganar a la vanguardia del proletariado y a una nueva capa de la juventud a la lucha por la revolución obrera. ¡Por nuevas revoluciones de Octubre alrededor del mundo! ¡Por un futuro comunista, la única solución a la miseria de este mundo!
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/35/elections.html
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